Erase una
vez, un chico impetuoso de secundaria con índice alto de inseguridad, sumado a
eso, altas probabilidades de estar sumergido en una crisis existencial
involuntaria potenciada por una baja autoestima y un rencor absurdo por el
ambiente que le rodea, gracias a una habilidad incomprendida hasta al momento,
una habilidad común y nada especial, pero que parece pasar desapercibida por
muchos, al temer, no hacerse responsable de sus implicaciones.
En aquel
entonces, ese chico ocupaba un tiempo considerable haciendo cosas para
adaptarse a grupos sociales con resultados inaceptables; molestando a quien sea
para estar en la élite de los no “molestables” del salón de clases, tratando de
conseguir a una chica para no ser la excepción, practicar algún deporte para no
ser el último en la lista de elegidos a la hora de armar un equipo, haciendo
payasadas, etc… Podría seguir nombrando actividades sin cansarme pero por el
bien de los lectores, no nos vayamos por las ramas.
Pero había algo
que inquietaba y molestaba a este muchacho, más que todas las cosas que pasaba
para adaptarse a su entorno, y probablemente fue el combustible principal que
alimento el motor que lo lanzo a ejecutarlas en búsqueda de un estado personal
pleno, en el cual considerarse como feliz, esta inquietud, se materializaba en
su mente con la siguiente combinación de preguntas ¿Por qué, a otros le parece
ser fácil?, y ¿porqué no puedo hacerlo yo? (Encajar o ser bueno en algo, ¿Les
suena a algo verdad?).
En el pico
de lo que este muchacho llamó la primera gran “crisis existencial de su vida”,
él determino, que era el momento de buscar ayuda, pero, ¿Qué tipo de ayuda? Cualquier
intento de hablar con alguien había sido en vano hasta el momento, nadie había
dado con una respuesta que pasara intacta por el rigoroso filtro de esa
tortuosa “habilidad incomprendida” o que pudiera escucharle sin inmediatamente recordarle
lo “awebao” que estaba y que dejara de pensar “awebasones” y ayuda “profesional”
estaba fuera de la ecuación, imagínense, presa inmediata de para lo que la vida
le es fácil (desde su punto de vista); difícil es la tarea de conseguir guía
objetiva en ese periodo, o por lo menos fue así en el caso de él.
La
respuesta a las plegarias de nuestro personaje, vino a través de una inesperada
fuente; una de las asignaciones del colegio.
Se trataba de una asignación peculiar; en no más de 10 páginas escriba
una biografía de usted, tienen dos semanas para hacerlo. Después de 2 semanas y 8 páginas de
descripción de su vida el tubo dos grandes revelaciones, también expuestas de
manera imprevista, un deleite para esta habilidad de que hablamos, procedo a relatar
en modo novela desde el punto de vista de nuestro personaje:
Capitulo 17 – La exposición: Párrafo 15
El examen había
terminado, estaba relajado, la prueba más fácil de mi vida, las instrucciones
eran claras entre ellas se indicaba “lea antes de contestar”, y al final del
examen decía, “Si considera que posee notas suficientes para aprobar la clase
desde su punto de vista, devuelva el examen sin contestar, se quedará con su
nota actual”. Al finalizar todos su
riguroso examen, el profesor con una mirada expectante examina todo el salón de
clase, conociéndolo de antemano los integrantes del salón guardaron silencio a
la acostumbrada actuación del tutor al esperar que todos se callen para que él
pueda hablar.
-
Tengo los resultados de su
asignación – dijo,
en tono relajado y acento extranjero, característico de él, se escucha un
susurro en el fondo - ¿Cuál asignación? ¡Shhhh!..
- Les procedo a entregar sus
biografías… -- uno
a uno, comenzó a nombrar a cada uno de los integrantes del salón para recoger sus
asignaciones, yo, atento como de costumbre, miraba las expresiones de cada uno
al ver sus notas.
Después de
cierto tiempo y con la mayoría de las asignaciones entregadas, el profesor hizo
una pausa en la entrega, acción que encendió automáticamente una alarma
sentimental en mí, indicándome que algo peculiar estaba apunto de suceder.
-
Muy interesantes sus biografías,
especialmente estas tres que tengo en mis manos, excelente redacción para su
nivel, deberían considerar escribir en un futuro – Era obvio que la mía se encontraba allí,
sino las tenia en mis manos. – Me divertí
mucho leyéndolas con todo respeto – prosiguió, y yo me estaba divirtiendo escuchándolo
– tuvieron las mejores notas del salón –
le entrega sus respectivas asignaciones a dos compañeras – especialmente esta – la mía – muy
buena redacción, solo que debe cuidar la ortografía, un estilo peculiar y
chistosa, la mejor entre todas, deberían leerlo pero supongo que es personal,
aunque lamentablemente también es la mejor manera de darme cuenta de que no se quiere –
Balde inmediato de agua fría, extiende la asignación para que me pare a
buscarla, bajo la mirada perpleja de todo el salón, entre enemigos, conocidos y
amigos. Me acerque, en un momento eterno
a retirar mi asignación – Necesito hablar
con usted cuando se termine la clase
– me dijo.
Fin del
modo novela, al final de la clase, él se dirigió al despacho del profesor a
tener una de las mejores conversaciones de su vida, definitivamente en el top 10,
en el cual el profesor le explicaba la razón de su amargura y su segunda
revelación aparte darse cuenta que le gustaba escribir, “Es que razonas
demasiado las cosas”, le dijo, era la primera vez que le prestaba atención a la
palabra razonar y que se volviera claro otro significado del comúnmente usado “tener
razón, o quién dice la verdad”. Le dijo
que razonaba tanto que intentaba razonar y planear cosas como el amor, los
amigos, las cosas que te gustan y que trataba de buscar explicación a todo y el
que al no encontrar respuestas, se frustraba y minaba esa espontaneidad con que
los demás contaban por no pensar tanto las cosas, y que no era anormal esa
condición, solo que al hacerlo viciosamente, impactaba de manera negativa en
sus sentimientos y su vida, pero fue bueno en explicarle también que no era
para nada malo, que solo debía encontrar el balance entre el pensar y ejecutar,
pues podría perderse de mucho entre ello.
10 años
después, y cansado de hablar en tercera persona, he iniciado ha aprender a mantener el balance, teniendo caídas como el que aprende a caminar y con ganas de
aprender a correr algún día. Así que, a
los que tienen la oportunidad de acompañarme mientras hago este ejercicio,
tengan paciencia y divirtámonos un rato, escuchando esas voces que buscan
criticar, aprender, cuestionar, evaluar y explicar todo sin control alguno, a
través de este este espacio.
Espero que
les haya gustado, mi introducción a este blog.
Ahmad.