domingo, 14 de octubre de 2012

Razonas demasiado las cosas:


Erase una vez, un chico impetuoso de secundaria con índice alto de inseguridad, sumado a eso, altas probabilidades de estar sumergido en una crisis existencial involuntaria potenciada por una baja autoestima y un rencor absurdo por el ambiente que le rodea, gracias a una habilidad incomprendida hasta al momento, una habilidad común y nada especial, pero que parece pasar desapercibida por muchos, al temer, no hacerse responsable de sus implicaciones.

En aquel entonces, ese chico ocupaba un tiempo considerable haciendo cosas para adaptarse a grupos sociales con resultados inaceptables; molestando a quien sea para estar en la élite de los no “molestables” del salón de clases, tratando de conseguir a una chica para no ser la excepción, practicar algún deporte para no ser el último en la lista de elegidos a la hora de armar un equipo, haciendo payasadas, etc… Podría seguir nombrando actividades sin cansarme pero por el bien de los lectores, no nos vayamos por las ramas.

Pero había algo que inquietaba y molestaba a este muchacho, más que todas las cosas que pasaba para adaptarse a su entorno, y probablemente fue el combustible principal que alimento el motor que lo lanzo a ejecutarlas en búsqueda de un estado personal pleno, en el cual considerarse como feliz, esta inquietud, se materializaba en su mente con la siguiente combinación de preguntas ¿Por qué, a otros le parece ser fácil?, y ¿porqué no puedo hacerlo yo? (Encajar o ser bueno en algo, ¿Les suena a algo verdad?).

En el pico de lo que este muchacho llamó la primera gran “crisis existencial de su vida”, él determino, que era el momento de buscar ayuda, pero, ¿Qué tipo de ayuda? Cualquier intento de hablar con alguien había sido en vano hasta el momento, nadie había dado con una respuesta que pasara intacta por el rigoroso filtro de esa tortuosa “habilidad incomprendida” o que pudiera escucharle sin inmediatamente recordarle lo “awebao” que estaba y que dejara de pensar “awebasones” y ayuda “profesional” estaba fuera de la ecuación, imagínense, presa inmediata de para lo que la vida le es fácil (desde su punto de vista); difícil es la tarea de conseguir guía objetiva en ese periodo, o por lo menos fue así en el caso de él.

La respuesta a las plegarias de nuestro personaje, vino a través de una inesperada fuente; una de las asignaciones del colegio.  Se trataba de una asignación peculiar; en no más de 10 páginas escriba una biografía de usted, tienen dos semanas para hacerlo.  Después de 2 semanas y 8 páginas de descripción de su vida el tubo dos grandes revelaciones, también expuestas de manera imprevista, un deleite para esta habilidad de que hablamos, procedo a relatar en modo novela desde el punto de vista de nuestro personaje:

Capitulo 17 – La exposiciónPárrafo 15

El examen había terminado, estaba relajado, la prueba más fácil de mi vida, las instrucciones eran claras entre ellas se indicaba “lea antes de contestar”, y al final del examen decía, “Si considera que posee notas suficientes para aprobar la clase desde su punto de vista, devuelva el examen sin contestar, se quedará con su nota actual”.  Al finalizar todos su riguroso examen, el profesor con una mirada expectante examina todo el salón de clase, conociéndolo de antemano los integrantes del salón guardaron silencio a la acostumbrada actuación del tutor al esperar que todos se callen para que él pueda hablar.

-          Tengo los resultados de su asignación – dijo, en tono relajado y acento extranjero, característico de él, se escucha un susurro en el fondo - ¿Cuál asignación? ¡Shhhh!..

-        Les procedo a entregar sus biografías… -- uno a uno, comenzó a nombrar a cada uno de los integrantes del salón para recoger sus asignaciones, yo, atento como de costumbre, miraba las expresiones de cada uno al ver sus notas.

Después de cierto tiempo y con la mayoría de las asignaciones entregadas, el profesor hizo una pausa en la entrega, acción que encendió automáticamente una alarma sentimental en mí, indicándome que algo peculiar estaba apunto de suceder.

-          Muy interesantes sus biografías, especialmente estas tres que tengo en mis manos, excelente redacción para su nivel, deberían considerar escribir en un futuro – Era obvio que la mía se encontraba allí, sino las tenia en mis manos. – Me divertí mucho leyéndolas con todo respeto – prosiguió, y yo me estaba divirtiendo escuchándolo – tuvieron las mejores notas del salón – le entrega sus respectivas asignaciones a dos compañeras – especialmente esta – la mía – muy buena redacción, solo que debe cuidar la ortografía,  un estilo peculiar y chistosa, la mejor entre todas, deberían leerlo pero supongo que es personal, aunque lamentablemente también es la mejor manera de darme cuenta de que no se quiere – Balde inmediato de agua fría, extiende la asignación para que me pare a buscarla, bajo la mirada perpleja de todo el salón, entre enemigos, conocidos y amigos.  Me acerque, en un momento eterno a retirar mi asignación – Necesito hablar con usted  cuando se termine la clase – me dijo.

Fin del modo novela, al final de la clase, él se dirigió al despacho del profesor a tener una de las mejores conversaciones de su vida, definitivamente en el top 10, en el cual el profesor le explicaba la razón de su amargura y su segunda revelación aparte darse cuenta que le gustaba escribir, “Es que razonas demasiado las cosas”, le dijo, era la primera vez que le prestaba atención a la palabra razonar y que se volviera claro otro significado del comúnmente usado “tener razón, o quién dice la verdad”.  Le dijo que razonaba tanto que intentaba razonar y planear cosas como el amor, los amigos, las cosas que te gustan y que trataba de buscar explicación a todo y el que al no encontrar respuestas, se frustraba y minaba esa espontaneidad con que los demás contaban por no pensar tanto las cosas, y que no era anormal esa condición, solo que al hacerlo viciosamente, impactaba de manera negativa en sus sentimientos y su vida, pero fue bueno en explicarle también que no era para nada malo, que solo debía encontrar el balance entre el pensar y ejecutar, pues podría perderse de mucho entre ello.

10 años después, y cansado de hablar en tercera persona, he iniciado ha aprender a mantener el balance, teniendo caídas como el que aprende a caminar y con ganas de aprender a correr algún día.  Así que, a los que tienen la oportunidad de acompañarme mientras hago este ejercicio, tengan paciencia y divirtámonos un rato, escuchando esas voces que buscan criticar, aprender, cuestionar, evaluar y explicar todo sin control alguno, a través de este este espacio.

Espero que les haya gustado, mi introducción a este blog.

Ahmad.