lunes, 28 de enero de 2019

Conversación de Agua Clara


Si estás de visita en Colón, República de Panamá; uno de los puntos imperdibles para nacionales y turistas, es el centro de observación del Canal de Panamá en las esclusas de Agua Clara, una de las estructuras de la mega obra por excelencia de la última década (2010-2020) en todo el país, la ampliación del canal.  Sin duda, la atracción principal para muchos, es la observación del transito de gigantescos barcos por la estructura canalera; pero para mí, que prácticamente nací, crecí, jugué y me enamoré en las riveras del canal en toda su extensión, mis ojos, cada ves que visito el lugar se posan y descansan en la hermosa vista que ofrece, una toma amplia, sin obstáculos, privilegiada del lago Gatún.







No me mal interprete, entiendo a la magnificencia de la obra y no estoy tratando de traer a la mesa el cliché de obras de la naturaleza sobre las obras humana, argumento que no tendría sentido si tomas en consideración que el lago es artificial, así que podemos superar esa etapa brevemente, vista artificial o no, lo que sí tiene, es ese encanto que poseen las mejores vistas en el mundo, que reducen la tensión que pueda tener tu cuerpo a lo mínimo, produciendo que sientas más la brisa, la calidez sol, se opaque el ruido y se alivianen los pensamientos, como un hechizo, fácil de sacudir pero del que no quieres salir. Pues así, son algunas conversaciones; no, no, este escrito no trata de la hermosa vista que les comenté, sino de las conversaciones que extrañamente tienen el mismo efecto, así como un vaso de agua bien fría cuando tienes calor.

A las personas que nos gusta escuchar, que hemos aprendido a escuchar; nos encantan los monólogos, pero advierto que no es una conversación, especialmente cuando están llenos de sentimientos, generalmente son un ataque o un desahogo; pero si es en una sola dirección, sigue siendo un monólogo; una conversación entre dos personas ejemplar es balanceada, es cordial y se toma turnos al hablar sin interrumpir al otro, ambos están atentos, expectantes del uno del otro, no a la defensiva, se tiene cuidado de los sentimientos del otro y se mantiene en calma, como el lago Gatún, que solo se ve perturbada por el paso de barcos de pensamientos que toman su turno para pasar por las esclusas de forma ordenada y segura, solo pasan cuando están listo y no de forma abrupta, que logra, sin importar lo peligroso de la carga y el tema en discusión lograr empatía en ambos lados del mar, ambas personas involucradas en la conversación terminan con paz y la satisfacción de haber cruzado el canal, de haber sido escuchados, sin importar la lluvia, los truenos alrededor.

Estas conversaciones, son espontaneas, pero he notado que ocurren con algunas personas más que otras, especialmente si han aprendido el elusivo arte de escuchar, hay veces que ocurre también, como si nada en algún punto de una acalorada discusión, aunque generalmente estas no duren mucho, son elusivas, susceptibles al clima, al entorno, delicadas, difíciles de mantener, pero a medida que los años pasan, las busco más, la necesito más; porque me dan paz, quitan la sed, así como el baso de agua fría, como el hechizo de una vista hermosa, después que se experimenta, uno simplemente no se acostumbra, uno se vuelve adicto, se vuelve loco, por una conversación en agua clara.    

Especialmente si se trata de uno mismo.

Ahmad.